lunes, 9 de julio de 2018

Deseos corporales

Inicio de la sesión

Se me han juntado varios deseos. Por un lado, un deseo corporal intenso que me lleva a moverme continuamente, lejos de la silla y la mesa y por otro, un deseo voraz de cañas y vinos al atardecer que inevitablemente llevan a mi mente a estados flexibles no siempre dispuestos a seguir trabajando.
También la inspiración y la motivación vibran en tantos registros que resulta difícil centrar la atención y el pincel en una sola cosa.

La vida me pide cuerpo y escritura y el trabajo me pide disciplina y tablero.

Supongo que es cuestión de determinación, por eso esta noche decidí echar fuera todas las pequeñas distracciones y acabar el material de una exposición colectiva.
Una sesión íntima con cerveza artesana, parmesano, tomates y pan fresco de semillas en la que las estrellas me alcanzaron trabajando.

He aquí alguna respuesta a cómo lo hago. Lo hago descartando otras posibilidades.
Hoy descarté unas cosas y algo de sueño y me permití otras, como bajar caminando a la playa y nadar un ratito. A modo de inspiración. A base de trabajo y planificación.

En unos días, el mar que imagino junto a otrxs artistas.


Trabajo terminado

domingo, 1 de abril de 2018

Canción de cuna para el primer mundo

Taller on fire para "Tags"
Está a punto de ver la luz la próxima acción. 
Otro viaje más en el que me embarqué entremedio de otras intenciones. 

Creo que son viajes que te asaltan sin planes previos, que retrasan los pactos y compromisos personales que estaban sobre la mesa del estudio, pero son viajes necesarios que enriquecen lo que vendrá después.

La propuesta llegó desde Ecléctico Café y antes de darme cuenta ya había dicho que sí porque se estableció una conexión con una idea que llevaba más de tres años en una caja, mudanza incluida.

Una acción en tres dimensiones físicas que suman a escribir y dibujar, el hecho de hacer una secuencia de ruidos para la pieza, trabajar con una persona para que la ponga en escena y ser parte de un equipo o incluso de una familia.

Son muchas las personas que me hicieron llegar las etiquetas de lo que compraban para participar en algo que ni yo sabía muy bien qué iba a ser y es gracias a ellas que esta pieza está hecha.

Sirva como adelanto el texto que acompaña al viaje, palabras encadenadas.




Canción de cuna para el primer mundo



El peso del mundo se reparte en forma de etiquetas.

Las etiquetas tienen agujeros.


Un agujero en el estómago puede ser síntoma de hambre o de muerte.


La muerte sobreviene a veces en forma de ausencia de ideas.


Vivir de acuerdo a determinadas ideas no siempre es fácil.


Qué fácil es mirar a otro lado amparándose en la propia supervivencia.


La supervivencia (del primer mundo) consiste en evitar los agujeros.


Hacer agujeros durante 13 horas al día, 7 días a la semana no es divertido.


Parece divertido ir de rebajas. Hay a quien no le gusta.


¿Importa mucho en verdad a quién le gusta tu ropa?.


Tender la ropa es parte de la vida y el autocuidado.


El autocuidado no existe en todos los mundos, simplemente no cabe.


Cabe, con, contra, sin.


Sin vida. Sin mundo.

Por un mundo sin etiquetas.


Porque las etiquetas te ponen en un lugar determinado.


Lo que está determinado por el poder, es ley.


La ley de la oferta y la demanda forma parte de éste, nuestro primer mundo.


El mundo está cambiando pero de nada sirve si no lo sabemos.


Lo sabemos y nos miramos.


Miramos a otro lado también.


También yo.


Yo soy una etiqueta.



Inauguramos el viernes 6 de abril a las 19:00 horas
Puedes seguir este proyecto colectivo aquí

https://www.facebook.com/events/180689422561878/

domingo, 18 de marzo de 2018

A la vuelta de la cuarta estación




En esta foto estaba haciendo unos de los últimos viajes cargada de cosas antes del Gran Camión y mi fiel coche decía fin después de 17 años de servicio impagable.
Hace casi ocho meses que llegamos a la nueva casa.

Un poco después terminaba un largo y difícil camino para vender la anterior, lleno de finales, de verdades, de abogados, de malabares que parecían imposibles (y se lograron) y de cajas de cartón usadas por amigxs que también se mudaron.

Me permití llorar (mucho) y me sumergí en el mar (mucho también).




A la vuelta de la cuarta estación las pardelas han regresado y en una semana volveremos a cambiar la hora. También yo he cambiado. Todxs lo hemos hecho, o eso me parece.

Vuelve a repetirse la estación donde se precipitaron los cambios planeados y los imprevistos, cuando pusimos el mundo patas arriba buscando un lugar al que pertenecer. Cuando supe que el suelo había desaparecido y había que volar para sobrevivir

Casi ocho meses llenos de adolescentes que vuelven a abrazar, de nuevas rutinas llenas de besos con sabor a chocolate y de la luz que entra por las ventanas en esta tierra más al sur que ninguna otra en la que haya vivido antes.

Aquí el aire huele como si no hubiera nadie manipulando las nubes. Es fresco y transparente, aunque a veces llueva tanto que parezca que las casas van a convertirse en navíos.

He vivido una actividad frenética, primero cumpliendo con los proyectos con los que estaba comprometida y luego inventándome otros autoplaceres donde no tenía que quedarme esperando.

Mi cama siempre está llena. Se ha convertido en el centro neurálgico de la noche. A ella van a parar gatas y niñxs indistintamente en una competencia dulce y compartida por acurrucarse cerca de mi.

Creo que intuyen mi necesidad de piel y de verdad, me entrego a ellxs porque se me ocurre que este colecho tardío será uno de recuerdos felices que nos llevaremos, junto a las primeras pizzas en esta casa nueva y el azul infinito del mar que vemos por todas las ventanas.
No dudo de que aunque ahora seamos 5 seres apretujados peleando por un gran edredón, habrá tiempo y espacio para otros lechos compartidos de otras maneras.

Aún quedan cajas sin abrir, cortinas por poner y un estudio que está más en mi cabeza que en la habitación que elegí para este fin. Sin embargo, saboreamos la comida con deleite y en la mesa del salón puedo dibujar con vistas al mar, casi como antes, pero mejor.

Cuando se me ocurre pensar que no he hecho nada o que me he equivocado, me basta parar un momento a recordar estos últimos ocho meses para tener la certeza de que estoy aquí, de que yo soy alguien y de que sí puedo hacerlo.

Gracias a ese puñado de personas que transitan mi vida y que me permiten abordarlas con mis locuras e intermitencias, comprendo mejor ahora mi manera un tanto distópica de soñar unos tiempos de reloj que en realidad no existen.

Soy más consciente que nunca de que no puedo con todo pero es normal que crea que sí porque los milagros se sucedieron uno detrás de otro en los últimos ocho meses y me incito a Confiar ¡coño! en mi capacidad de ser y de amar y que venga lo que tenga que venir.

Merece la pena soñarlo.



Del pasado me quedo con lo que me hizo feliz, el resto a tomar por culo.

Chimpún.






lunes, 12 de marzo de 2018

Brecha generacional





Ella es distinta y doy gracias por ello.

Es pequeña aún pero adivino miradas que yo nunca tuve a su edad y las ensayo a solas frente al espejo.

Yo titubeo con ciertas palabras a las que no estoy acostumbrada y ella me pone las sílabas en su sitio sin dudar, aunque luego me pregunte por la raíz de alguna otra y me deje explicarme largo y tendido, enredándome en mi pseudo-sabiduría.

Se mira al espejo con disgusto, no sabe que con el tiempo podrá mirarse como hago yo, con pasión y deseo cuando atisbo mi cadera. 

Se le arruga la nariz cuando defiende el derecho a elegir la pansexualidad y yo abro mucho los ojos porque eso no lo había oído antes y entiendo que su realidad ya es otra.

A veces usa mis expresiones y me aterra imaginar que pueda hacerlas suyas. Quiero salvarla del miedo, de las inseguridades y de la posibilidad de dejarse aplastar por un mal de amores pero entonces expone con rotundidad por qué no quiere tener hijos y me sorprendo aplaudiéndola por dentro.

Ella es mi realidad aumentada y la evidencia de mis errores más comunes, cómo hablo, cómo afronto las dificultades o cómo pierdo los papeles en ocasiones. Ella simplifica la vida comiendo chocolate mientras yo la lloro con el corazón desgarrado.

Poco a poco hemos retomado los abrazos o las miradas cómplices y me descubro desdibujando un pasado que me ha perseguido demasiado tiempo porque el presente que ella trae a casa cada día es infinitamente más interesante.

Gracias, hija.

domingo, 28 de enero de 2018

Presencia intangible

Colaboración con Fanzine Canarias Creativa, nº 39


Presencia intangible

Para algunxs soy presencia intangible,
un puñado de palabras e imágenes.

Me desvisto ante ellxs
lo justo,
lo preciso,
para que sepan que existo.

Para algunxs soy
una palabra,
un hecho,
alguien que
   conoce
a
otro
    alguien.

Y además,
estoy yo.

Presente,
tangible,
viva
aunque a veces
agotada de tan
intensa.

Eso, esa yo,
no está al alcance
de
todos
los megusta.

                                           Ana Martín


En el último número del Fanzine Canarias Creativa pueden encontrar la colaboración completa. Páginas 14 a 16.

https://issuu.com/canariascreativa/docs/fanzine39

viernes, 24 de noviembre de 2017

Wolfhood



Afilar el hacha



Árboles frescos y profundos,
rosas de colores
al pie de la tierra.

Un camino verde y largo
para pasear las ganas
y cantar las penas.
Rojo en el alma,
miedo en la cesta.

Pies atrevidos
y corazón valiente.
Acecha un hocico curioso
el andar de los pasos bailarines.

Ojos amarillos...
¿de qué color es alguien que está solo?


Corazón rojo,
profundidad de bosque negra,
flores brillando bajo la luna llena y
se cruzan, al fin,
dos seres de hierba.

Uno aborda de puntillas
como si flotara...
el otro cabalga apurado,
pura energía, es su estado.

Ronda de pasos,
aliento y hambre,
coreografía salvaje
para medirse con la vida
y con los árboles.
¡Qué orejas tan grandes tienes!
Qué diminutos tus pies.

¡Qué ojos más grandes para mirarme!
Cuánta piel desnuda, no paras de temblar.

Qué nariz tan grande asoma...
¿Por qué llevas una capa roja?

¡Qué dientes más largos tienes!
Tengo hambre ¡Dame lo que tienes!

Comamos juntos, tengo pasteles,
pasteles y palabras
para entenderte.

Hay un lobo en el bosque
al que no temo.
Hay una persona en el bosque
a la que no quiero comerme.
Hagamos un corazón de hierbas y flores
para recordarnos
porque
cuando la lluvia lo borre
ya lo habremos olvidado.

¡A otro lobo
y a otras rosas!

                            Ana Martín


Hace un año y medio en el estudio


jueves, 12 de octubre de 2017

Hacerle el amor a un Fanzine, o simplemente sexo.



[Hoy quiero compartir un texto poético que escribí el año pasado, es un homenaje a las emociones que nos producen a algunas personas abordar la lectura de estas piezas tan particulares].

[sin foto, usa la imaginación]


Hacerle el amor a un Fanzine, o simplemente sexo.
Por Ana Martín - febrero 2016

El camino más corto
para el orgasmo fanzinero
se dibuja entre el pensamiento
y el papel.
No dista más que unas horas de edición.

Papeles
provocadores.
Poseen visiones parciales,
sesgadas e incómodas.
Encantadores o detestables,
reveladores o falaces
minuciosos o descuadernados,
con lomos estrechos,
sueltos o atados,
siempre listos para ser cabalgados.

Numerados
para saber cuántos eran,
numerados
para saber cuántos quedan
y quiénes son.

Los fanzines se abordan
protegiéndolos a ellos
y desprotegido uno mismo.

Se sacan de su envoltorio
con infinita curiosidad y delicadeza,
con dedos suaves
y la boca llena de asombro
para recorrerlos y engullirlos.

Quieren que reacciones,
que goces
que encuentres algo que pensar,
y también que los trates con cuidado.
No los confundas con el folleto del supermercado,
aunque puedan compartir papel
vienen de cabezas distantes.
Quieren que se lo hagas una y otra vez,
que no pares,
con otros,
con todos.

Una firma original
no les da más valor
pero sí más emoción:
alguien los tocó, los rubricó
y serás tú quien los lubrique.


No se trata de elevar un papel
a la categoría de joya
ni de querer darle más valor a una fotocopia
que a la cuidadosa edición
del más cuidadoso de los editores;
pero si hablamos de dinero y medios
para contar algo,
debería bastar con que esté escrito,
pues los orgasmos son iguales
para pobres y ricos.

Es sencillo hacerlo con cuidado
como a un amante
a quien la pasión no le cabe en la ropa
y se contiene.
Hacerles el amor,
conocerlos,
comérselos por partes,
a mordiscos o a besos.
Eligiendo.
Siempre.

En cambio hay benditas prisas en otros ejemplares,
nacen, se hacen y piensan
en una sola jornada,
son encuentros violentos
donde la idea se empotra en el papel.

Hay fanzines que dan ganas de hacerlo,
otros excitan tu mente
como los desconocidos.
A veces,
son los restos baratos de la fiesta.
A veces,
son la guinda del pastel.
Hay de todo, como en todos lados.
Depende de lo que pienses
o en quién.

En cualquier caso
huele, toca, piensa, chupa y respeta,
si no te gusta, no te metas.
Si te gusta,
bienvenido a
este mundo que llaman alternativo,
underground, prohibido.
Ahora está de moda.
Pero las modas son pasajeras,
Ve do vas, y como vieres así haz.
Los fanzines seguirán ahí.
¿Apostamos?